Pasta alla puttanesca (Tagliatelle a la puttanesca)

Presentación

Lo que los extranjeros más asocian a la cocina italiana es sin duda el binomio “pizza y pasta”. En efecto, hay que reconocer que los italianos destacan por su gran fantasía para condimentar de formas diferentes y siempre gustosas un trozo de masa y un puñado de pasta.

Hoy vamos a enfocarnos en esta segunda parte del binomio, preparando un primer plato italiano 🇮🇹 muy conocido: la Pasta alla puttanesca 🍝.

Esta receta, en la que el tipo de pasta (larga o corta) es totalmente intercambiable, se caracteriza por una salsa hecha con ingredientes potentes e inconfundibles. Las anchoas 🐟 se derriten en un aceite aromatizado con ajo y guindilla 🌶️ y se mezclan con las intensas alcaparras, las gustosas aceitunas y el refrescante tomate 🍅, para envolver las tagliatelle en una espesa capa de sabores que te van a encantar.

Disfruta de esta receta, cuyo origen se contiende entre el Lacio y la Campania, en familia o entre amigos: no tardarás nada en prepararla y no tiene ninguna dificultad. 😉


Información

  • Dificultad: baja
  • Tiempo preparación: 20 min
  • Coste: bajo
  • Dosis: para 4 personas

Ingredientes

  • Tagliatelle (u otro tipo de pasta): 400 g
  • Tomate triturado: 400 g
  • Filetes de anchoas (en aceite): 25 g
  • Aceitunas negras sin hueso: 100 g
  • Alcaparras: 10 g
  • Ajo: 2 dientes
  • Guindilla: al gusto
  • Aceite de oliva: 2 cucharadas
  • Sal: al gusto
  • [Perejil fresco: opcional]

Realización

En una olla pon a hervir agua con sal. Cuando hierva, vierte las tagliatelle y remueve con frecuencia desde e principio para evitar que se pegue.

Mientras tanto prepara la salsa puttanesca.

Pica las alcaparras, apartando algunas enteras para la guarnición. Pica las aceitunas también.

En una sartén vierte el aceite de oliva y añade los dientes de ajo pelados para que se doren. Añade los filetes de anchoas y desmenúzalos con la ayuda de una cuchara de madera/espátula de silicona y del calor. Agrega las alcaparras, las aceitunas y la guindilla (fresca y picada o seca, en trozos o molida).
[Nota: Si te preocupa dosificar la guindilla picante, opta por guindilla molida y agrégala poco a poco después de haber añadido el tomate triturado: así controlarás exactamente la intensidad. 😉 ]

Mezcla y deja cocinar un minuto. A continuación, añade el tomate triturado y mezcla bien. Deja que se cocine a fuego mediano durante unos 10 minutos. Cubre parcialmente con la tapa para que la salsa se espese, pero no en exceso.
[Truco: en todo momento, puedes alcanzar la textura perfecta añadiendo agua del grifo (= salsa más líquida) o dejándola evaporar quitando la tapa (= más espesa).]

Escurre la pasta cuando esté en su punto y mézclala con la salsa puttanesca, a la que habrás quitado los dientes de ajo.

Emplata añadiendo un poco más de salsa sobre las tagliatelle, unas alcaparras enteras y, si lo deseas, un poco de perejil fresco recién picado.

Tagliatelle alla puttanesca
Tagliatelle alla puttanesca

¡Listo!

¡BUEN PROVECHO!


Sugerencias

La pasta debería comerse caliente y recién hecha, pero puedes conservarla en un recipiente hermético y en la nevera durante 1 día.

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Pierogi – pasta rellena polaca

Presentación

Si has oído hablar de la gastronomía polaca, seguramente habrás oído hablar de los pierogi, la más famosa pasta rellena de Polonia 🇵🇱.

Los pierogi 🥟 (al singular pieróg) son unos maravillosos ravioli a forma de media luna o mini empanadilla que tienen cautivados a todos los polacos y a los extranjeros que han tenido la suerte de probarlos. Una parte del éxito se debe a la textura de la masa, que puede degustarse tanto tras un simple hervido que la deja suave, como después de un salteado en la sartén, lo que le confiere una capa crujiente irresistible. La otra parte del éxito es sin duda que la variedad de rellenos tradicionales y más modernos es tan amplia que consigue satisfacer literalmente a todos. Esta vez proponemos el sabroso relleno a base de carne picada 🥩 y repollo 🥬, aunque en el apartado de sugerencias te dejamos muchísimas más ideas para que experimentes numerosas variantes de esta deliciosa pasta rellena.

A partir de hoy deja de ser una suerte el poder probar los pierogi fuera de Polonia: con esta receta y sus detalladas e infalibles instrucciones no tienes más excusas para retrasar la degustación y conseguirás emplatar unos pierogi que cualquier abuela polaca aplaudiría 😉

Estrena esta receta para acabar la Semana Santa con un planazo culinario o sírvela en cualquier día normal para que se convierta automáticamente en un momento de fiesta: ¡este es el poder de los pierogi!


Información

  • Dificultad: mediana
  • Tiempo preparación: 1,5 h
  • Coste: mediano
  • Dosis: para 4 personas

Ingredientes

PARA LA MASA:

  • Harina de trigo: 700 g
  • Agua: 400 ml
  • Sal: 1 cucharadita
  • Huevo: 1
  • Aceite de oliva/ girasol: 3 cucharadas

PARA EL RELLENO:

  • Repollo liso: ¾ de uno mediano
  • Carne picada (vacuno/cerdo/mixta): 400 g
  • Panceta curada salada/Bacon ahumado: 80 g
  • Mantequilla/Margarina/Aceite: unas cucharadas
  • Cebolla: 1 pequeña
  • Mejorana: al gusto
  • Cubito de caldo/Sal: al gusto
  • Pimienta: al gusto

Realización

Empieza preparando el relleno.

Limpia la cebolla y pícala en cubitos pequeños. Pica también la panceta en cubitos pequeños o pequeñas tiras. Coge el repollo, elimina las hojas exteriores si es necesario y luego, utilizando una mandolina o un cuchillo grande de lama lisa, saca unas láminas de unos 2-3 mm (como si lo cortases en juliana).

En una olla, pon una cucharada de mantequilla/margarina/aceite y vierte el repollo laminado. Sazona con el cubito de caldo, la mejorana y la pimienta. Vierte medio vaso de agua y remueve. Tapa y deja que se cocine a fuego mediano hasta que se ablande. Controla con frecuencia si hace falta más agua y remueve para que la cocción sea homogénea.

Mientras tanto, en una sartén deja que la panceta se dore y vuelva crujiente antes de añadir la carne picada. Sazona con cubito de caldo, mejorana y pimienta (aunque puedes añadir sazonadores para carne, si te gustan) y deja que la carne se cocine a fuego mediano-alto hasta coger un bonito color ligeramente marrón antes de apagar.

Cuando el repollo esté casi listo, quita la tapa y deja que todo el líquido evapore antes de incorporarlo a la sartén con la carne y mezclar. Deja enfriar en la sartén o transfiriendo el relleno en un bol frío para acelerar los tiempos.

Mientras el relleno se enfría, prepara la masa para los pierogi.

En un bol vierte la harina, la sal, el agua (mucho mejor si tibia), el aceite de oliva y los huevos previamente cascados en un pequeño bol y batidos ligeramente. Mezcla con tus manos en el bol hasta lograr una masa compacta, entonces amasa sobre la encimera ligeramente enharinada hasta lograr una masa lisa (puedes utilizar tu robot de cocina, si lo prefieres). Cubre la masa con un trapo limpio o ponlo en un recipiente hermético y deja reposar durante unos 15 minutos.

Cuando falte poco antes de que se acabe el cuarto de hora, vierte el relleno de carne y repollo en tu batidora y bate durante unos segundos para que los ingredientes se desmenucen un poco y sea más fácil rellenar los pierogi.
[Ojo: no te pases con el tiempo de batido porque no queremos un paté uniforme en el que ya no se puedan distinguir los ingredientes 😉 ]
Aparta el relleno de momento.

Coge un trozo de masa y deja el resto cubierto. Con tus manos, dale una forma aproximada de rectángulo aplastándolo sobre la encimera ligeramente enharinada. Empieza a laminar el rectángulo utilizando tu máquina para hacer pasta fresca o un simple rodillo de cocina. Asegúrate de que la masa esté en todo momento suficientemente enharinada por ambos lados, pues evitarás que se te pegue a la encimera o a los rodillos.
[Nota: Si utilizas máquina para hacer pasta, tal vez al principio necesites doblar la masa recién salida de la máquina sobre sí un par de veces, pues la presión excesiva de los rodillos sobre una masa inicialmente muy espesa puede devolverte unas láminas irregulares y poco lisas.]

Ajustando de forma progresiva el espacio entre los rodillos o la presión del rodillo de cocina, consigue una lámina de 1-2 mm de espesor (no más). Ahora utiliza un cortador de masa circular o un simple vaso (te sugiero un diámetro de 8 cm, aunque en Polonia también los puedes comer más grandes) para sacar cuantos más círculos posible de una lámina. Coloca los círculos sobre una encimera bien enharinada y junta la masa que te ha sobrado a la masa por laminar.

Ahora ha llegado la parte más divertida: ¡vamos a rellenar y sellar los pierogi! Déjate guiar por la gif que hay a continuación y por las instrucciones.

Cómo sellar los Pierogi polacos

Acerca el dedo índice y el pulgar de tu mano izquierda (la derecha si eres zurdo) dejando 1 cm de distancia entre los dedos. Coge un círculo y deposítalo de tal forma que su centro esté en el espacio entre los dedos. Con la otra mano coge una cucharadita de té abundante de relleno y deposítalo en el centro del círculo de masa, utilizando el dedo medio como soporte. Empieza a acercar los dos lados del pieróg moviendo y apretando ligeramente hacia arriba el índice y pulgar izquierdos. Aplasta ligeramente el relleno con la otra mano para que tenga la forma correcta y quede un espacio despejado para los bordes. Entonces sella una primera vez el pieróg apretando con el índice y pulgar de tu otra mano (la derecha) a lo largo de todo el borde de la media luna de tu raviolo. Para asegurarnos que la masa se quede bien pegada, vamos a repasar el sellado una vez más de la misma forma o haciendo un borde decorativo: empezando por el extremo derecho y yendo hacia el extremo izquierdo, empieza a apretar el borde deslizando simultáneamente el pulgar derecho hacia arriba y el índice derecho hacia abajo (mira el vídeo para ver la técnica), luego desplaza tus dedos unos mm más adelante y repite hasta acabar el borde. Por el otro lado del pieróg tendrás un borde muy bonito y un sellado hermético 😉
[Truco: si has sacado muchos círculos a la vez y no los has cubierto con un trapo húmedo o se están secando y no se pegan fácilmente, puedes untar una yema en agua y pasarla sobre el borde del círculo (en el lado donde pones el relleno, no el exterior) antes de sellar el pieróg.]

Coloca los pierogi preparados sobre una tabla de cortar de madera (u otra superficie no pegadiza) bien cubierta de harina para evitar que se te pegue y cúbrelos con un trapo limpio.

Pierogi polacos crudos
Pierogi polacos crudos

Acaba los círculos de la primera lámina, luego saca otra y vuelve a rellenar los círculos que has sacado para crear más pierogi. Te desaconsejo sacar de golpe todos los círculos para agotar la masa y rellenarlos después: la masa tiende a secarse antes de que termines.

Una vez que tengas todos los pierogi preparados, llena una gran olla de agua salada y espera a que hierva intensamente. Entonces crea un remolino en el agua removiéndola con una cuchara de madera y vierte con delicadeza una parte de los pierogi: así no se pegarán. Cuando empiecen a flotar, espera 30 segundos y sácalos, depositándolos en un colador colocado sobre un bol (así se escurrirán bien y el agua en exceso se quedará en el bol).
Vuelve a crear el remolino, a verter otra porción de pierogi y a cocinarlos hasta acabar todos.

Los pierogi ya preparados puedes, o bien emplatarlos directamente desde el colador o ponerlos en una fuente en la que habrás echado un buen chorro de aceite para evitar que se peguen entre sí, a la espera de emplatarlos cuando todos los pierogi estén cocinados.

Pierogi polacos hervidos (en la fuente)
Pierogi polacos hervidos (en la fuente)

Por último, queda por abordar la forma de servirlos: puedes servirlos recién hervidos o, por otra parte, hacer el paso extra de saltearlos en la sartén con un poco de mantequilla/margarina o aceite para que se forme una capa exterior crujiente. Lo más habitual es servirlos condimentados con abundante mantequilla/margarina en la que habrás dorado ligeramente un poco de cebolla cortada en juliana, aunque también puedes echar solo mantequilla/margarina.

Pierogi polacos salteados en la sartén
Pierogi polacos salteados en la sartén

¡Listos!

¡BUEN PROVECHO!


Sugerencias

Conserva los pierogi hervidos en una bolsita o en un recipiente hermético durante 1 día en la nevera, recordando de rociarlos con un poco de aceite recién hervidos para evitar que se peguen entre sí.

Puedes congelar los pierogi hervidos y enfriados en bolsitas para el congelador y conservarlos durante algunos meses. Cuando quieras comerlos, sácalos unas horas antes para que se descongelen naturalmente y sea más fácil separarlos sin que se rompan. Para servirlos, caliéntalos en una sartén con mantequilla/margarina a fuego mediano al principio y luego deja que se forme la capa crujiente por fuera subiendo la temperatura, si necesario.

Tienes que probar los pierogi con otros rellenos también. Te sugerimos tanto los más clásicos, como otros fruto de nuestra fantasía:

  • relleno de patatas hervidas y machacadas, con queso fresco (requesón, ricotta o el original twaróg) o queso crema [versión conocida como pierogi ruskie];
  • relleno de patatas hervidas y machacadas, panceta crujiente/jamón ibérico crudo en cubitos y cebolla sofrita;
  • relleno de patatas hervidas y machacadas mezcladas con brócoli hervidos y batidos (y eventualmente panceta crujiente o queso fresco o curado rallado): aquí encuentras la receta exacta;
  • relleno de patatas hervidas y machacadas, queso crema y queso azúl/queso curado aromático rallado (Pecorino romano o Idiazábal);
  • relleno de repollo liso cocinado con cebolla y chutcrut;
  • relleno de repollo liso cocinado con cebolla y champiñones salteados y picados;
  • relleno de carne picada, cebolla salteada y setas salteadas y picadas;
  • relleno de inspiración italiana con espinacas salteadas y quesos blancos frescos (requesón, ricotta o feta).

Focaccine al aceite de oliva (panecillos italianos al aceite de oliva)

Presentación

Estas focaccine al aceite de oliva tienen el poder de evocar recuerdos de la merienda en el colegio 🏫 a millones de italianos 🇮🇹 de las últimas 3 generaciones, yo incluida. En efecto, además de las charlas con los amigos, había otro motivo para contar los minutos que quedaban para el recreo: ¡poder saborear esta delicia súper suave por dentro y ligeramente crujiente por fuera!

Estas focaccine, que encierran todo el inconfundible sabor y aroma del aceite de oliva 🫒, en lugar de tener forma y tamaño de una bandeja (si bien la receta lo permitiría), tienen una apetecible forma redonda 🥯 y un cómodo tamaño monoporción. Estos puntos de fuerza las hacen perfectas para la merienda en el colegio o en el trabajo, tal y como son o cortadas por la mitad y rellenadas con quesos (para untar o semicurados) y embutidos de tu elección. También pueden utilizarse como sustitutos más golosos del pan o entremés en cualquier comida.

Esta versión ligera e indudablemente vegetariana, tiene una gemela “más atrevida”, típica de la región Emilia-Romagna, que podrá los ojos en forma de corazoncito a los amantes de la panceta y del tocino… descúbrela en el apartado de sugerencias 😉.


Información

  • Dificultad: baja
  • Tiempo preparación: 2 h
  • Coste: bajo
  • Dosis: para 4 focaccine

Ingredientes

  • Harina de trigo: 150 g
  • Harina de fuerza (tipo Manitoba): 150 g
  • Levadura fresca de panadería: 7,5 g (= aprox. ⅓ de cubito)*
  • Agua tibia: 170 ml
  • Aceite de oliva: 2 cucharadas para la masa + para untar
  • Sal fina: ⅔ cucharadita + unas pizcas para la superficie**
  • Azúcar: 2 pizcas

*Sustituible por levadura seca de panadería en las proporciones indicadas por el fabricante en la confección.
** Para la superficie, puedes utilizar sal en escamas o sal gruesa si te gusta ese toque crujiente.


Realización

En un bol vierte las dos harinas y la sal y mezcla.

Calienta un poco el agua para que esté tibia (sin llegar a ser tan caliente como para que te queme los dedos, pues anihilarías la levadura).

Vierte en el bol las ⅔ partes del agua y en el tercio que te queda añade las pizcas de azúcar y la levadura desmenuzada (puedes utilizarla directamente incluso si guardabas el cubito en el congelador, pues el calor la derretirá) y mezcla para que se disuelva. Añade la levadura disuelta y las cucharadas de aceite.

Mezcla todo en el bol hasta lograr una masa compacta y entonces desplaza la masa sobre la encimera muy ligeramente enharinada para amasar durante 5-10 minutos: el amasado conferirá una textura lisa, elástica y no pegajosa a la masa que la dejará suave y aireada tras la cocción. Si lo prefieres, puedes mezclar y amasar todo con un robot de cocina.

Pon la bolita de masa en un bol grande y cúbrelo con un trapo limpio, dejando que repose durante 1,5 h en un lugar caliente para que doble o incluso triplique su volumen. (Si hace mucho calor, 1 h puede ser suficiente).

Pasado ese tiempo, divide la masa en 4 partes iguales (aprox. 125 g para cada porción) y amásalas en una bolita.

Coge una bandeja para horno, vierte un buen chorro de aceite y espárcelo sobre toda la superficie de la bandeja para crear una superficie antiadherente y una base que infundirá más sabor a nuestras focaccine. Coloca las cuatro bolitas sobre la bandeja y, con las manos aún untadas de aceite, aplástalas delicadamente para que tengan la forma de un disco de unos 12 cm de diámetro.
[Ojo: Asegúrate de que cada focaccina esté suficientemente separada de las demás: durante la cocción van a crecer aún más de tamaño y no queremos que se queden pegadas entre sí.]
Deja que las focaccine reposen unos 15 minutos más, para que crezcan un poco más. Gracias al hecho de que el aceite de tus manos se ha quedado sobre la superficie de la masa, ésta no va a secarse y no hace falta cubrir con un trapo.

Cuando falten 5 minutos, enciende el horno a 230ºC, modalidad ventilada si la tienes, para que vaya calentándose.

Si quieres que tus focaccine tengan unas pequeñas cavidades sobre la superficie para recoger mejor el aceite que echaremos encima antes de hornear, puedes presionar las yemas de tus dedos en algunos puntos sobre los discos. Si lo haces nada más haberles dado forma de disco, tras la cocción se quedarán ligeramente marcados [cómo aparecen en la foto]; pero si los quieres bien evidentes, espera a que se acaben los 15 minutos y presiona justo antes de hornearlas.

Esparce de forma uniforme un poco de aceite sobre la superficie de las focaccine (utiliza un pincel de cocina o tus yemas – pero con delicadeza -) y esparce un pizca de sal fina, en escamas o gruesa sobre la superficie de cada focaccina.

Pon la bandeja en horno ya caliente y hornea hasta que la superficie esté dorada, dando la vuelta a la bandeja hacia el final, si necesario, para lograr una cocción uniforme.

Extrae la bandeja del horno y rocía las focaccine recién salidas con un poco más de aceite de oliva, utilizando un pincel de cocina de silicona para cubrirlas de forma uniforme. Ese aceite quedará absorbido en un par de minutos. Si quieres que la superficie esté super suave como el relleno, en lugar de ligeramente crujiente, sustituye este rociado con aceite por unas pinceladas de agua recién extraídas del horno.

Deja que se enfríen un poco antes de removerlas de la bandeja.

Focaccine al aceite de oliva
Focaccine al aceite de oliva

¡Listas!

¡BUEN PROVECHO!


Sugerencias

Amantes de la panceta, del tocino/manteca y del bacon 🥓: ¡prestad atención!
Si queréis probar una versión decadente de esta receta, típica de la región Emilia-Romagna 🇮🇹, tenéis que picar en cubitos pequeños un poco de panceta salada curada y dejar que se funda en la sartén a temperatura baja/mediana y apagar cuando empiece a perder su transparencia para volverse ligeramente blanca. En lugar de rociar la superficie de las focaccine con aceite antes de hornear, esparce la grasa que ha soltado la panceta (no es otra cosa que tocino/manteca derretid@) y finalmente esparce los trocitos de panceta que han quedado en la sartén sobre las focaccine: en la cocción se volverán crujientes. (Prescinde del extra de sal sobre la superficie, en este caso 😉 )

Conserva las focaccine en una bolsita de plástico (o equivalente biodegradable) durante 2 días en un lugar no caliente. Si quieres devolver a una focaccina la textura extra suave que tenía recién horneada, justo antes de consumirla, caliéntala unos segundos en el microondas.

Pangoccioli – bollitos de leche italianos con pepitas de chocolate (con o sin lactosa)

Presentación

Para un italiano, leer “Pangoccioli” evoca muchísimos recuerdos de recreos en el cole, meriendas en casa o en escapadas con amigos. El hecho de que estos panecillos sean, desde hace décadas, toda una institución entre los bollos industriales italianos, se debe a la acertada mezcla de dos elementos que cautivan a todos los niños (y me apuesto a que a los adultos los comen a escondidas): una suavísima masa de pan de leche 🥛 y unas golosas pepitas de chocolate 🍫.

Dado que nosotras estamos comprometidas a hornear y proponeros postres saludables que se puedan comer preocupaciones ni remordimientos, sin excesos de azúcar e incluso adaptados a las necesidades de quienes tienen intolerancia a la lactosa, hoy os traemos nuestra versión casera de estos panecillos de leche con pepitas de chocolate (con o sin lactosa).

Toda la familia y vuestros amigos van a repetir varias veces, ¡así que plantéate doblar las dosis desde ya para evitar luchas de poder por los últimos pangoccioli! 😜

Puesto que este postre habla por si mismo, no queda más que preguntarte: ¿List@ para pasártelo genial preparando y degustando estos bollos italianos saludablemente adictivos? 😋


Información

  • Dificultad: baja
  • Tiempo preparación: 2,5 h
  • Coste: bajo
  • Dosis: para 4 personas

Ingredientes

  • Harina de fuerza: 200 g*
  • Harina de trigo: 200 g*
  • Levadura fresca: 15 g (aprox. 1 sobre de 5,5 g de levadura seca o lo que indique su fabricante)
  • Huevos: 3 medianos + 1 para la superficie
  • Leche de vaca/vegetal (o agua): 110 g + 2 cucharadas para la superficie
  • Mantequilla o margarina: 110 g
  • Azúcar: 90 g
  • Miel: 1 cucharada (puedes sustituirlo por 10g de azúcar más)
  • Sal: 1 pizca
  • Aroma: 2 ml (sabor vainilla, ron, naranja, mantequilla)
  • Pepitas de chocolate negro/con leche: 100 g
  • Aceite de girasol: para untar las manos

*Si lo prefieres o por necesidad, puedes variar las proporciones: por ejemplo, 300g de fuerza y 100g de harina normal.


Realización

Antes de empezar, pon tus pepitas de chocolate en la nevera o en el congelador para que estén frías cuando llegue la hora de incorporarlas.
[Nota: Si no tienes pepitas, puedes picar gruesamente una tableta de chocolate, tratando de quitar las virutas que se hayan generado para que queden solo pepitas 😉 ]

Calienta un poco la leche para que esté tibia [Ojo: la leche no debería quemarte, si puesta a contacto con la piel, para que la levadura pueda fermentar correctamente], añade la levadura desmenuzada y remueve hasta que esté disuelta.
[Nota: puedes utilizar tanto la levadura fresca, incluso recién sacada del congelador, como la levadura seca]

En un bol grande pon todos los ingredientes excepto por las pepitas de chocolate: empieza tamizando las harinas, añadiendo el azúcar, la sal y el aroma y mezcla. Añade la miel, la mantequilla troceada finamente [Ojo: si la consistencia permite untarla, entonces no hace falta trocear finamente], la levadura disuelta y casca los 3 huevos.

Mezcla todo a mano (en el bol y continuando sobre la encimera) o utilizando tu robot de cocina hasta lograr una masa homogénea. Desde ese momento, mezcla unos 5-7 minutos más para desarrollar una masa elástica y lisa.

Incorpora las pepitas de chocolate y sigue amasando para que queden bien repartidas, pero tratando de hacerlo rápidamente para que el calor de las manos no empiece a derretir el chocolate. Trata de repetir movimientos que estiren una extremidad de la masa de diversas zonas (izquierda, derecha, abajo y arriba) y la “peguen” sobre el centro, para que el reparto sea más sencillo.

Forma una bola, colócala en un bol y cubre con un trapo limpio. Deja reposar en un sitio caliente durante 1-1,5 h (a más frío, más tiempo y a más calor, menos tiempo).

Pasado ese tiempo, coge la masa y, dependiendo del tamaño que prefieras, divídela en 8-14 partes, tratando de que tengan todas más o menos el mismo peso. Unta tus manos con un poco de aceite y forma unas bolitas ayudándote con la encimera, si hace falta. Vuelve a untar tus manos cuando lo necesites, para que la masa no se pegue.

Coloca las bolitas sobre una bandeja cubierta con papel para horno. De haber algún pliegue colócalo por debajo y asegúrate de que haya bastante espacio entre una y otra bolita (mínimo 3 cm), porque van a crecer mucho en el horno. Cubre con un trapo limpio y deja que la masa crezca durante unos 30 minutos.

Poco antes de que se acaben esos 30 minutos, enciende el horno para que llegue a los 180ºC.

Para que la superficie de los pangoccioli tenga un acabado lúcido, en un pequeño bol casca un huevo, añade 2 cucharadas de leche y bate bien. Con un pincel de silicona o uno apto para la cocina exparce esta mezcla sobre la superficie de cada bolita.

Hornea en horno ya caliente hasta que estén bien doradas (aprox. 10-20 min). Dado que el tiempo varía dependiendo de cada horno, realiza la prueba del palillo de madera [clava un palillo/una brocheta de madera en el centro de un pangoccioli y, si sale limpio (sin trazas de masa pegajosa), la masa está completamente cocida].
[Truco: si la masa en el interior está aún cruda pero te parece que la superficie se está volviendo demasiado oscura, puedes tapar la bandeja con una hoja de papel de aluminio hasta que se complete la cocción 😉 ]

Si quieres que la superficie de los pangoccioli quede bien blanda, nada más sacarlos del horno, esparce sobre cada uno un poco de agua con el pincel de silicona.

Deja enfriar unos 30 minutos antes de servir.

Pangoccioli - bollitos de leche italianos con pepitas de chocolate
Pangoccioli – bollitos de leche italianos con pepitas de chocolate

¡Listos!

¡BUEN PROVECHO!


Sugerencias

Si bien los pangoccioli se caracterizan por sus pepitas de chocolate, puedes prescindir de ellas y crear unos panecillos de leche básicos o personalizar este ingrediente “extra” sustituyéndolo o complementándolo con uno o varios ingredientes:

  • trocitos de nueces,
  • arándanos rojos o uvas pasas rehidratadas en zumo de fruta, té o ron (y suavemente apretados antes de incorporarlos para eliminar el exceso de líquido),
  • cubitos de manzana salteados (con una pizca de canela o con ralladura de cítricos),
  • cáscara de naranja confitada.

Conserva bajo una campana de vidrio o en una bolsita de plástico (o alternativa biodegradable) durante 3 días.

La textura es más suave en las primeras 24h tras el horneado, pero puedes recuperar toda la suavidad si pones los pangoccioli en el microondas durante unos 10 segundos a máxima potencia.

Pasta con crema de tomates frescos y cebolla, setas salteadas y panceta crujiente

Presentación

Para la sección de primeros platos italianos de pasta 🍝, aquí viene una nueva receta que te dejará limpiando el plato con un dedo, para no desperdiciar ni un poquito de esta golosísima salsa.

Hoy proponemos unas tagliatelle (sustituibles por cualquier tipo de pasta larga o corta que te apetezca 😉 ) con gustosas láminas de setas salteadas 🍄 y crujientes trocitos de panceta curada 🥓, el todo envuelto por una sabrosa crema de tomates frescos 🍅 y cebollas sofritas 🧅.

Es un plato que no requiere muchos ingredientes, pero cada uno de ellos destaca de forma especial a esta delicia, contribuyendo a esta armonía de sabores y texturas.


Información

  • Dificultad: baja
  • Tiempo preparación: 30 min
  • Coste: mediano
  • Dosis: para 4 personas

Ingredientes

  • Tagliatelle: 350 g (sustituible por otro tipo de pasta larga o corta)
  • Tomates: 4-5
  • Cebolla: 1
  • Champiñones: 5-6
  • Panceta curada salada/bacon ahumado: 100 g
  • Mantequilla/margarina/aceite de oliva: 2 cucharadas
  • Sal: al gusto
  • Pimienta: al gusto
  • Parmigiano Reggiano: al gusto (para rallar encima)

Realización

Empieza calentando agua salada en una olla. Cuando el agua llegue a ebullición, vierte la pasta y mezcla con frecuencia desde el principio para que no se pegue.

Aprovecha el tiempo necesario para que el agua llegue a hervir y la pasta se cocine para preparar los ingredientes para la salsa.

Pica la panceta salada en cubitos o pequeñas tiras y la cebolla previamente limpiada también en cubitos (cuanto más finos, más rápido se pocharán). Limpia las setas (corta la base del tallo y elimina la tierra utilizando una esponja o un trapo ligeramente húmedo) y córtalas en láminas. Lava los tomates, córtalos por la mitad para eliminar más fácilmente el punto desde el cual sale la rama y pícalo en cubitos.

En una sartén añade una cucharada de mantequilla y la panceta salada picada. Deja que esta última se dore ligeramente y adquiera una textura crujiente antes de añadir las setas laminadas y cocinarlas. Retira las setas con la panceta utilizando una espumadera y colócalas, de momento, en un plato.

A la sartén donde ha quedado un poco de grasa y los sabores de la anterior cocción, añade la otra cucharada de mantequilla y la cebolla picada. Deja que ésta se dore. Añade los tomates frescos picados y deja cocinar unos minutos. Sazona con sal y pimienta (recordando que las setas y sobre todo la panceta ya llevan sal, así como el queso que rallarás encima después).

Vierte el contenido de la sartén en un recipiente alto y posiblemente no muy ancho para utilizar la batidora de mano y conseguir que la cebolla y el tomate se conviertan en una crema lisa: así tendrás la salsa de nuestro condimento.

Vierte la salsa en la sartén y añade las setas y la panceta. Mezcla para repartir bien los sabores y deja que se cocine unos minutos hasta lograr la consistencia deseada.

Cuando la pasta esté en su punto, escúrrela y añádele el condimento. Mezcla y emplata. Añade un poco más de salsa sobre la pasta y, como toque final, ralla encima un poco de queso Parmigiano Reggiano (paso opcional).

Pasta con crema de tomates frescos y cebolla, setas salteadas y panceta crujiente
Pasta con crema de tomates frescos y cebolla, setas salteadas y panceta crujiente

¡Listo!

¡BUEN PROVECHO!


Sugerencias

Puedes conservar la pasta preparada en un recipiente hermético y guardarla en la nevera durante un día. Vuelve a calentarla en la sartén con un poquito de mantequilla/margarina o aceite o, si lo prefieres, al microondas, removiendo de vez en cuando para lograr que se caliente de forma homogénea.

Babka ziemniaczana – tarta “polaca” de patatas ralladas, carne y panceta

Presentación

Cuanto más se exploran las gastronomías de diversos países, tanto más se aprende lo transnacionales que son las recetas que se consideran emblemáticas de una nación y cómo todo lo bueno acaba siendo importado (o conservado) y versionado por nuestros vecinos.

La babka ziemniaczana (“tarta de patatas” 🥔 en polaco) o rejbak, es una receta típica de las regiones polacas 🇵🇱 de Podlasie y Suwalszczyźna, que se conoce también con muchos (¡realmente muchos!) nombres diferentes en otras zonas de Polonia o por colectivos determinados, lo que revela mucho sobre los cambios de frontera y los flujos de personas que experimentó el país en los últimos siglos. Por ejemplo, es llamado kartoflarz en la región de Silesia (donde se nota la germanización de la palabra patatas, de ziemniaki a kartofle) o bulbynek por parte de los polacos originarios de Leópoli (hoy territorio ucraniano).

Otro nombre con el que este plato se conoce también en Polonia es kugiel, un nombre parecido a kugel, el utilizado por los judíos ashkenazi ✡️ (originarios de Alemania, Europa del este y Rusia) y también parecido al que los vecinos lituanos 🇱🇹 utilizan (kugelis) para etiquetar esta delicia que los polacos llevaron en su territorio durante los siglos en los que Polonia y Lituania estuvieron unificados (hasta 1795). Sin embargo, la tarta de patatas se encuentra en las gastronomías de otros países: me refiero a Bielorrusia 🇧🇾, otro país lindante donde se considera como plato tradicional nacional y donde conserva el nombre de babka de patatas.

Cada país o región aporta pequeñas variaciones a la receta, versionándolas como decíamos al principio. En términos de ingredientes, la base está siempre compuesta por patatas 🥔 crudas finamente ralladas, pero la fantasía y los gustos se imponen a la hora de determinar los demás: hay quien pone cebollas sofritas 🧅, quien panceta 🥓 salada frita o ahumada y cocida, quien diversos tipos de longaniza y quien carne picada. Dependiendo del cocinero, además, la consistencia varía: la muy curiosa textura que confieren las patatas ralladas en crudo y luego horneadas (que es agradablemente gomosa) puede resultar en una tarta más delicada o en una más compacta.

Sin más historia ni explicaciones os revelamos qué tipo de babka ziemniaczana os enseñamos a preparar hoy: en la nuestra habrá cebolla sofrita, panceta y carne picada bien sazonada (para que la mezcla recuerde un poco la longaniza)- Además, optaremos por una versión más delicada donde destaque la especial textura de los trocitos de patata (aunque reconocemos que hemos sido muy generosas con la cantidad de carne jeje).

Atrévete a degustar la babka ziemniaczana: ¡si tantas naciones y personas han decidido mantener y dar un lugar especial a esta receta, tendrá que ser necesariamente porque está deliciosa y adictiva! 😉


Información

  • Dificultad: normal
  • Tiempo preparación: 1 h
  • Coste: mediano
  • Dosis: para 4 personas

Ingredientes

  • Patatas: 6-7 grandes (aunque puedes ser más abundante)
  • Carne picada/Longaniza: 400 g
  • Panceta salada curada/Bacon ahumado/Guanciale: 80 g
  • Cebolla: 1 mediana
  • Huevo: 1
  • Sal/Cubito de caldo: al gusto
  • Pimienta: al gusto
  • Mejorana/Tomillo: al gusto
  • Ajo deshidratado: al gusto
  • Jengibre: al gusto [opcional]
  • Aceite/Mantequilla/Margarina: 1 cucharada

Realización

Limpia la cebolla y pícala en cubitos de mediana dimensión. Pica la panceta salada en cubitos pequeños.

En una sartén, vierte la panceta picada y deja que se derrita y se vuelva crujiente. Cuando empieza a dorarse, añade la cebolla y deja que ésta se dore también. Retira la cebolla y la panceta, dejando cuanta más grasa posible en la sartén. Añade una cucharada de aceite y desmenuza sobre la sartén la carne picada. Sazona con el cubito de caldo (o la sal) y todas las demás especias (pimienta, mejorana, ajo y jengibre). Deja que la carne se cocine a fuego mediano-alto hasta que coja un bonito color marrón y una textura crujiente, antes de volver a incorporar la cebolla y la panceta. Mezcla, corrige el punto de sal y especias, si es necesario, y apaga.

Pela las patatas y lávalas bajo el agua. Si bien la versión origina de la receta indica que hay que rallar las patatas por la malla fina de un rallador, te aconsejo cortar las patatas en trozos y agilizar la tarea utilizando una batidora en la que añadirás, además, un poco de sal y un huevo. Tienes que lograr un compuesto uniforme, sin trozos y aireado.

Vierte el compuesto en un colador de malla fina colocado sobre un bol (quizás quieras hacerlo primero con la mitad de las patatas y luego con la otra), removiendo con una espátula o una cuchara para que el líquido en exceso acabe en el bol, que dejarás apartado y sin mover durante unos minutos.

Vierte las patatas escurridas en otro bol, agrégales la carne de la sartén y mezcla bien. Cuando hayan transcurrido unos 3-5 minutos desde que hayas colado el líquido de las patatas, inclina el bol sobre el fregadero para que el líquido de la superficie se caiga y se quede una sustancia blanca en el fondo del bol: es la fécula (almidón) de las patatas, que hay que recoger con una cuchara o espátula y agregar a las patatas para que ligue mejor los ingredientes. Mezcla bien.

Enciende el horno a 210ºC con modalidad ventilada, si la tienes, y mientras éste se calienta, coge dos moldes rectangulares de aprox. 30x10cm (o un único molde más grande de la forma que prefieras) y revístelos con papel para horno. Reparte el compuesto entre los dos moldes, tratando de esparcirlo uniformemente con una espátula o una cuchara sin dejar espacios vacíos y tratando de nivelar la superficie al final.

Hornea en horno ya caliente durante aprox. 45 min, aunque el tamaño y la forma del molde, así como el espesor (altura) de la masa pueden hacer variar bastante el tiempo de cocción. En todo caso, la superficie de la babka ziemniaczana tiene que estar muy bien dorada y la textura resultar compacta.

Saca del horno y espera unos minutos para retirar del molde.

Corta la babka en lonchas o trozos. Sírvela así, si te gusta más suave. o pásala durante unos minutos sobre una sartén caliente (con muy poco aceite) para que se cree una capa crujiente por todos los lados.
¡Nosotras aconsejamos probar las dos versiones, porque cada una es especial y deliciosa!

Babka ziemniaczana – tarta polaca de patatas y carne

¡Lista!

¡BUEN PROVECHO!


Sugerencias

Puedes personalizar la receta utilizando diferentes tipos de carne: experimenta con longanizas aromatizadas, carne picada de diversos animales, prueba con el bacon ahumado o incluso añade un toque español utilizando chorizo fresco o curado, dulce o picante.

Si quieres una babka más compacta, una que puedas cortar en lonchas más sutiles y bien firmes, añade a las patatas 2 cucharadas de fécula de patatas o almidón de maíz (Maizena) a las patatas ya escurridas.

Al día siguiente, la babka queda de maravilla si la cortas en trozos y la fríes en la sartén con un poco o en abundante aceite. 😉

Si te sobra o has preparado una doble porción, puedes congelar la tarta una vez que esté enfriada y la hayas desmoldado.

Bizcocho de yogur con trocitos de piña – con o sin lactosa

Presentación

Levantarse por la mañana ⏰ no siempre es fácil, así que hay que preparar unos incentivos para que lo que nos espere en el desayuno nos haga salir de la cama con ganas de comernos el mundo… y algo más dulce, ¡como un bizcocho! 🍰

Este bizcocho de yogur recuerda un poco la consistencia de los plum cakes italianos, aireado pero al mismo tiempo compacto y húmedo, gracias al truco del almidón de maíz 🌽 que impide que se quede secos incluso 3 días tras el horneado. Aunque aquí la estrella es sin duda la piña 🍍, que encuentras tanto en trocitos como en el sabor del yogur, siendo éstos unos añadidos que hacen de este bizcocho un desayuno (o una merienda) más saludable.

De hecho, este bizcocho realmente es uno de esos postres libres de remordimientos y preocupaciones: la cantidad de azúcar y aceite es muy baja, puedes utilizar la cómoda piña en almíbar (las hacen con edulcorantes también) o mejor aún piña fresca y, si quieres, puedes utilizar sin problemas un yogur desnatado o uno vegetal, si eres intolerante a la lactosa.

Y si tienes otro tipo de fruta en casa que aprovechar, no dudes en personalizar la receta: en el apartado de sugerencias encuentras algunas ideas. 😉


Información

  • Dificultad: baja
  • Tiempo preparación: 45 min
  • Coste: bajo
  • Dosis: para 4 personas

Ingredientes

  • Huevos: 4 medianos
  • Azúcar: 80 g (aunque puedes aumentar hasta 120g si te gusta bien dulce)
  • Yogur (o alternativa vegetal): 150 g* (sabor piña / frutos amarillos / limón)
  • Aceite de girasol: 80 g
  • Harina de trigo: 250 g
  • Maizena (Almidón de maíz)/ Fécula de patatas: 100 g
  • Levadura química en polvo: 16 g (= 1 sobre)
  • Piña fresca o en almíbar: 170 g
  • Aroma: 2 ml (vainilla, limón, azahar)

*Puede sustituirse por 125 g de yogur + 25 g de leche/zumo o almíbar de piña


Realización

Enciende el horno a 180ºC (modalidad ventilada, si quieres ahorrar tiempo de cocción) para que haya llegado a temperatura cuando la masa esté lista.

Casca los huevos en un bol grande y añade el azúcar. Bate con tu batidor de varillas manual o eléctrico hasta lograr un compuesto claro y espumoso.

Añade el aroma, el aceite y el yogur y mezcla bien.

Tamiza sobre el bol la harina junto a la maizena y a la levadura en polvo. Bate una última vez con el batidor de varillas o, en la parte final, con una espátula/cuchara si te resulta más cómodo, hasta que la masa quede lisa y homogénea.

Corta la piña fresca o en almíbar en trocitos y viértelos en el bol. Mezcla con una espátula para repartirlos uniformemente en la masa.

Coge un molde (elige la forma que prefieres, aunque yo utilicé uno bundt – con aro – de 24 cm de diámetro) y, para que desmoldar te resulte más fácil:

  • revístelo con papel para horno o, alternativamente,
  • untálo con un poco de mantequilla/margarina/aceite y esparce harina, eliminando el eventual exceso de esta última.

Vierte la masa en el molde así preparado y nivélala un pococon una espátula. Hornea el bizcocho hasta que esté bien dorado.
El tiempo exacto de cocción varía dependiendo del horno, así que lo más seguro es controlar el color del bizcocho y efectuar la prueba del palillo (clava un palillo largo de madera en el centro del bizcocho: si sale limpio, el bizcocho está listo y, si no, hay que esperar un poco más).

Extrae del horno y deja enfriar unos 15 minutos antes de desmoldar.

Bizcocho de yogur con trocitos de piña
Bizcocho de yogur con trocitos de piña

¡Listo!

¡BUEN PROVECHO!


Sugerencias

Conserva el bizcocho bajo una campana de vidrio o en una bolsita de plástico (o alternativa biodegradable) durante 3 días, guardándolo en la nevera si la temperatura del ambiente es cálida.

Puedes personalizar el bizcocho de la forma que prefieras: experimenta con diversos tipos de fruta 🍏 fresca, salteada o en almíbar (melocotones, manzanas, peras, frambuesas, arándanos, fresas), ajusta el sabor del yogur para que combine bien o incluso sustituye la fruta por unas golosas de gotas de chocolate. Por otra parte, si te gustan las especias como la canela, puedes incorporarlas a la fruta: añádela a unas manzanas, peras, ciruelas o plátanos salteados en la sartén y, cuando esté fría, añádela a la masa.

Pasta con crema de patatas y crujientes trocitos de longaniza y patata salteada

Presentación

¿Te apetece un primer plato de pasta cuyo condimento te permite jugar con diferentes texturas, logradas con éxito aprovechando al máximo tan solo dos ingredientes asequibles? 😉

Tienes que probar los rigatoni (u otro tipo de pasta corta) envueltos en una aterciopelada crema de patatas, con trocitos de crujiente longaniza y palillos de patata 🥔 salteados en la sabrosísima grasa soltada por la longaniza, lo que les confiere una textura firme y delicada por dentro y una capa dorada crujiente y muy gustosa por fuera. Como prometido: ¡solo 2 ingredientes para lograr un condimento excepcional y muy impactante!

Prepara esta receta (sin lactosa) para ofrecer un primer plato curioso, asequible y poco complicado a tus comensales o para mimarte y reconfortarte sin excederte con los gastos 💸.


Información

  • Dificultad: normal
  • Tiempo preparación: 40 min
  • Coste: bajo
  • Dosis: para 4 personas

Ingredientes

  • Rigatoni: 350 g (sustituible por otro tipo de pasta corta)
  • Patatas: 3 grandes
  • Longaniza: 150 g
  • Cubito de caldo: al gusto
  • Pimienta: al gusto
  • Aceite de oliva/de girasol: un chorrito

½ ⅓ ¼ ¾ ⅕ ⅙ ⅛ ⅔ ⅖ ⅚ ⅗


Realización

Empieza pelando las patatas y cortándolas en 4 trozos para que se cocinen más rápido. Ponlas a cocinar en una olla con agua salada (el agua tiene que cubrirlas completamente) y pon la tapa.

Mientras tanto, vierte un chorrito de aceite en una sartén. Comprime las longanizas para sacar la carne de su envoltorio o tripa, tratando de lograr unos bocaditos pequeños que caigan directamente sobre la sartén. Deja que la longaniza se cocine a fuego medio-alto, para que logre un exterior crujiente, pero esté también cocida por dentro. Utiliza una espátula o un cucharón de madera para desmenuzar eventuales trozos grandes.

Cuando los trocitos de longaniza estén listos, retíralos utilizando una espumadera y colocándolos sobre un plato, eventualmente previamente cubierto con una hoja de papel absorbente, si quieres retirar cuanta más grasa posible.

Cuando las patatas estén blandas, escúrrelas guardando dos vasos de agua de cocción.

Pon agua salada en una olla. Cuando empiece a hervir vierte la pasta y remueve con frecuencia desde el principio para evitar que se pegue.

Mientras tanto, coge aproximadamente mitad las patatas y córtalas en palillos más o menos grandes como los rigatoni (o un poquito más pequeños). Deja que se doren y consigan una capa exterior crujiente en la misma sartén de la longaniza, donde aún queda la grasa llena de sabor. Para lograr que estén crujientes por todos los lados, remueve con delicadeza de vez en cuando.

Mientras tanto, vierte las demás patatas en un recipiente alto y no muy ancho, desmenuza un poco de cubito de caldo, una pizca de pimienta y vierte medio vaso de agua de cocción de las patatas. Convierte las patatas en una crema utilizando tu batidora de brazo (minipimer), batiendo el mínimo necesario para lograr una consistencia lisa (no exageres para que la patata no se vuelva elástica). Ahora comprueba:

  1. El punto de sal: ajusta añadiendo un poquito más de cubito de caldo disuelto en unas cucharadas de agua caliente de cocción.
  2. Si la textura es suficientemente líquida para envolver la pasta como una salsa espesa: si te parece que no, ajusta la textura añadiendo más agua de cocción y mezclando con una cuchara (ya no con la batidora).

Escurre la pasta cuando esté en su punto. Añade la crema de patatas a la olla con la pasta y mezcla bien. Agrega también los trozos de longaniza y las patatas crujientes, dejando un poquito de ambas para la decoración. Mezcla y emplata. Finaliza el plato añadiendo encima de la pasta esos trozos de longaniza y patata que habías guardado y sirve.

Pasta con crema de patatas y crujientes trocitos de longaniza y patata salteada
Pasta con crema de patatas y crujientes trocitos de longaniza y patata salteada

¡Listo!

¡BUEN PROVECHO!


Sugerencias

Es mejor consumir la pasta recién preparada, pues es el momento en el que la crema de patatas tiene su mejor textura.

Puedes añadir un poco de queso curado aromático a las patatas hervidas que bates para crear la salsa: prueba a añadir unas cucharadas de Parmigiano Reggiano/Pecorino/Idiázabal rallado finamente (antes de batir) y a sustituir el cubito de caldo por un poquito de sal (si es que aún hace falta, considerando que el queso y las patatas ya llevan).

Pide turco (pizza turca) – con relleno de carne picada y pimientos

Presentación

La cultura turca 🇹🇷 se está dando a conocer bastante en los últimos tiempos (también gracias al éxito de las series rodadas allí 🎬) y es toda una experiencia experimentar y descubrir la increíblemente rica parte gastronómica de ese país que hace de puente entre Europa y Asia 🌍.

El Pide turco es una receta que merece la pena probar porque está deliciosa y tiene potencial de agradar cualquier comensal. Eso se debe mucho al hecho de que se asemeja bastante a una pizza suave y un poco más alta de la española, pero con forma de góndola y los bordes doblados para encerrar celosamente un sabrosísimo relleno.

Así como la pizza italiana, el pide turco tiene diferentes versiones de relleno. Los rellenos más famosos son: 1) una mezcla de quesos 🧀 que se funde y huevo 🥚 (perfecta para los vegetarianos) o 2) carne picada 🥩 (habitualmente de cordero, pero puedes utilizar otro tipo e incluso añadir panceta salada, que es lo que sugerimos hacer) y pimientos rojos 🫑 (perfecta para los amantes de la carne).

Lleva un trocito de Turquía a tu mesa preparando esa segunda versión del pide con nosotras: te guiaremos de forma detallada para que, con un poco de paciencia, pero sin mucho esfuerzo, te salga un plato de 10. 😉


Información

  • Dificultad: normal
  • Tiempo preparación: 2 h
  • Coste: mediano
  • Dosis: para 4 personas

Ingredientes

PARA LA MASA:

  • Harina de trigo: 500 g*
  • Harina de fuerza (≈ Manitoba): 500 g*
  • Sal: 3 cucharaditas de té rasas
  • Aceite de oliva/girasol: 3 cucharadas
  • Agua: 530 ml
  • Levadura fresca de panadería: 1 cubito (= 25 g)**
  • Azúcar: 1 pizca

PARA EL RELLENO:

  • Carne picada (cordero/vacuno/cerdo/mixta): 800 g
  • Panceta curada salada/Bacon ahumado: 100 g
  • Pimientos rojos: 2 grandes o 3 medianos
  • Cebolla: 1 grande o 2 medianas
  • Tomate triturado: 350 ml
  • Aceite de oliva/girasol: 2 cucharadas
  • Sal/Cubito de caldo: al gusto
  • Pimienta: al gusto
  • Mejorana/Orégano/Tomillo: al gusto
  • Huevos: 4 (extra opcional)

*Puedes utilizar incluso solo harina de fuerza (1 kg) o harina de trigo (1 kg), si no tienes la otra. Sin embargo, es preferible utilizar al menos un poco de harina de fuerza, puesto que confiere una mejor textura al reaccionar con la levadura.
** Puedes sustituir la levadura fresca por levadura seca de panadería en las proporciones indicadas por el fabricante en la confección.


Realización

Empezamos preparando la masa.

En un bol grande vierte las harinas y la sal y mezcla. Calienta el agua para que esté tibia (comprueba que no te queme los dedos) y vierte aprox. las ¾ partes en el bol. En el resto de agua disuelve la levadura de panadería (que podías tener fresca/congelada o seca) con la pizca de azúcar. Añade la levadura disuelta al bol y las cucharadas de aceite.

Ahora mezcla bien todo hasta lograr una masa compacta (puedes hacerlo manualmente o con tu robot de cocina). Sigue amasando enérgicamente (en el robot o sobre tu encimera enharinada) durante unos 5-10 minutos para desarrollar una textura elástica: cuanto más amases mejor textura tendrá el pide.

Coloca la masa en un bol, tápala con un trapo limpio y deja que repose 1,5 h en un lugar tibio (si el ambiente es muy cálido, es suficiente 1 h).

Mientras tanto, prepara el relleno.

Pica la cebolla limpiada y la panceta en cubitos finos. Lava los pimientos, elimina la parte superior y las semillas y córtalos primero en tiras de unos 5 mm de ancho y luego en cubitos finos.

En una sartén vierte un chorrito de aceite y la panceta picada. Deja que esta última se dore y se haga crujiente antes de añadir la carne picada. Trata de conseguir una carne jugosa, pero crujiente por fuera. Sazona con pimienta, mejorana (u otra hierba aromática que te guste) y cubito de caldo (o sal, recordando que la panceta ya lleva sal). Apaga de momento.

En otra sartén, vierte un chorrito de aceite y la cebolla picada y deja que ésta se dore ligeramente. Añade los pimientos rojos picados, el cubito de caldo, la pimienta y la mejorana y un poquito de agua y deja que se cocinen tapados, removiendo de vez en cuando. Cuando se hayan ablandado un poco, quita la tapa y deja que el agua evapore subiendo la temperatura del fogón: así lograremos también dorar los pimientos y lograr que cojan más sabor.

Vierte los pimientos salteados a la sartén con la carne, vuelve a encender el fogón y mezcla para repartir los sabores. Añade el tomate y deja que se cocine durante 2 minutos a fuego mediano. Apaga y deja que se enfríe.

Cuando la masa haya reposado el tiempo necesario para aumentar mucho de volumen, divide la masa en 4 partes iguales (ayúdate con una báscula/balanza) y amasa un poco cada una para que la consistencia sea homogénea.

Coge una bandeja para horno y esparce un buen chorro de aceite encima: utiliza tus manos para asegurarte de que toda la superficie quede cubierta. Coloca un trozo de masa y, con las manos bien untadas de aceite, empieza a extenderla para formar un oval de aprox. 35 cm de largo y aprox. 23 cm de ancho (en todo caso, el espesor de la masa no tiene que ser inferior a 1 cm).

Ahora extiende sobre el oval y de forma uniforme ¼ del relleno de carne y pimientos, dejando despejado un borde de unos 2 cm a lo largo de toda la masa. Con delicadeza y utilizando tus manos untadas de aceite, dobla el borde despejado sobre el relleno: empieza por los lados del oval y acaba en las extremidades más estrechas del oval. Junta y sella esas extremidades confiriendo una forma de góndola a tu pide (mira la foto para entender mejor).

Extiende un poco más de aceite sobre el borde doblado del pide utilizando tus manos o un pincel de silicona.

Prepara los otros 4 pide de la misma forma, utilizando una bandeja para cada uno.

Hornea dos pide a la vez en horno ya caliente a 250ºC con modalidad ventilada hasta que los bordes estén bien dorados.

Si quieres añadir un huevo encima del relleno (idea que hemos cogido prestada de la versión con quesos 😉 ), puedes cascar 1 sobre el relleno de cada Pide unos minutos antes de sacarlo del horno o, si lo prefieres, freírlo en una sartén y colocarlo después cuando hayas sacado la pizza turca del horno. En todo caso, trata de dejar la yema liquida: al abrirla sobre el pide, lograrás una untuosa y decadente crema que queda de maravilla con la carne crujiente.

Pide turco (pizza turca) - con relleno de carne picada y pimientos
Pide turco (pizza turca) – con relleno de carne picada y pimientos

¡Listo!

¡BUEN PROVECHO!


Sugerencias

El pide se come realizando cortes paralelos entre sí (a una distancia de unos 7 cm aprox.) que sean perpendiculares o ligeramente inclinados respecto al eje más largo del oval.

Prueba otros rellenos típicos turcos:

  • mix de quesos frescos y aromáticos que se funden y un huevo frito encima (que puedes cascar sobre el queso del pide cuando falten unos minutos para sacarlo del horno);
  • carne picada y mozzarella rallada o queso feta desmenuzado;
  • o lo que te sugiera tu fantasía 😉

Zupa Szczawiowa – sopa polaca de acedera

Presentación

Una de las sopas 🥣 más típicas y con más personalidad de la cocina polaca 🇵🇱 es la Zupa Szczawiowa, una sopa que debe su nombre a su ingrediente estrella: el Szczaw, la planta conocida a los hispanohablantes como acedera común, vinagrera o Rumex acetosa.

Esta sopa se puede preparar con hojas frescas de esta planta 🥬, pero lo más habitual en Polonia es comprar tarros de acedera en conserva: esta opción es más cómoda porque se ahorra tiempo al cocinar y porque las conservas están a la venta en cualquier temporada. Este producto se puede encontrar habitualmente en las tiendas polacas en el extranjero o pedir por internet.

La Zupa Szczawiowa, debe sin duda su intenso color verde oscuro y el potente sabor ácidulo a la acedera, pero esta no es la única verdura presente en el plato. La sopa es muy rica de otras verduras también (apio, puerro, zanahorias, cebolla y patatas) y de aromas de la cocina polaca (el laurel o la pimienta de Jamaica). Acompaña esta delicia con los habituales gajos de huevos duros 🥚 y un poco de nata, que equilibran el plato.


Información

  • Dificultad: normal
  • Tiempo preparación: 30 min
  • Coste: mediano
  • Dosis: para 4 personas

Ingredientes

PARA LA SOPA:

  • Acedera común (Rumex acetosa) en conserva: 150-200 g
  • Zanahoria: 1 mediana
  • Cebolla: ½
  • Puerro: ½
  • Apio/raíz de apio: 1 tallo / 1 trocito
  • Caldo de carne o vegetal: 2 l
  • Hojas de laurel: 3
  • Pimienta de Jamaica (pimienta gruesa): 3 granos
  • Pimienta negra: al gusto
  • Sal: al gusto
  • Nata líquida: 4 cucharadas
  • Aceite/margarina/mantequilla: para el sofrito

EXTRAS HABITUALES:

  • Huevos cocidos (duros): 6
  • Patata cocida: 1 mediana

Realización

PREPARACIÓN DE LOS EXTRAS

  • Huevos: En una olla cubre completamente los huevos con agua fría y deja que se cocinen unos 11 minutos desde el momento en el que el agua hierve. Pasado ese tiempo, tira el agua caliente y cubre los huevos con agua fría para acelerar su enfriado. Quita la cáscara de los huevos y corta cada uno en 4 gajos.
  • Patatas: Pela las patatas. Puedes elegir si hervirlas y, cuando estén cocidas, cortarlas en cubitos o si rallarlas por la malla gruesa y cocinarlas en una sartén. En ambos casos se añaden al caldo después de la acedera.

PREPARACIÓN DE LA SOPA

Empieza a lavar y/o pelar las verduras frescas. Pica la cebolla y el apio finamente, corta el puerro por la mitad (en sentido de la largueza) y pícalo también. Ralla la zanahoria por la malla gruesa de tu rallador.

En una sartén añade una nuez de mantequilla/margarina o un chorrito de aceite y deja que la cebolla se poche a fuego mediano. A continuación, añade el apio y deja que se ablande, añadiendo un poco de agua si es necesario. Finalmente, agrega el puerro y la zanahoria, sofríe un poco (sigue añadiendo más de agua, si es necesario) y deja que se cocinen unos minutos más.

Vierte todas las verduras en una olla y cubre con todo el caldo. Añade la acedera directamente del tarro. Mezcla, [añade las patatas, si las vas a poner], añade las hojas de laurel y los granos de pimienta de Jamaica y sazona con pimienta negra y, eventualmente, sal. Deja cocinar durante 15 minutos con la tapa puesta. Cuando falte un minuto añade la nata y mezcla.

Emplata: vierte la sopa en los cuencos y añade los huevos cocidos.

Zupa Szczawiowa - sopa polaca de acedera
Zupa Szczawiowa – sopa polaca de acedera

¡Listo!

¡BUEN PROVECHO!


Sugerencias

La nata rebaja un poco la intensidad natural de la acedera, pero puedes prescindir de ella para versiones sin lactosa de la receta (o utilizar alternativas vegetales que no resulten dulces). Si quieres compensar esa acidez que no vas a rebajar, puedes reducir desde el principio la cantidad de acedera en unos 20 g y probar si quieres poner la cantidad entera.

No agregues nata a toda la sopa si no vas a consumirla entera y piensas conservarla en la nevera (puedes hacerlo durante 1 día). Es mejor añadir la nata solo a la parte de sopa que vas a consumir inmediatamente.

Prueba otras sopas tradicionales polacas: atrévete con el Żurek.